En los últimos meses le he dedicado ocho horas de mi día a conectarme con personas de todo el mundo para aprender Full-Stack Web Development a través del programa de Microverse.

Comencé el proceso de admisión en Microverse en abril de 2019, después de ver un anuncio en redes sociales. Después, comencé a ahorrar compulsivamente con planes para dedicarme tiempo completo al programa en el año siguiente.

El conectarme a diario con personas que viven en países con problemas similares al mío me ha hecho valorar más lo que he logrado como individuo, al mismo tiempo que me ha hecho apreciar mejor la posición privilegida que tengo.

Quisera compartir esta experiencia para inspirar a quienes aspiran a convertirse en desarrolladores web en economías en vía de desarrollo.

El desarrollo de mi historia

En la secundaria aprendí a usar HTML. Después aprendí CSS por mi cuenta y también por mi cuenta estudié un poco de Python durante la universidad. Nunca fui un niño precoz que se dedicara a programar, empezando por el hecho de que no tuve una computadora en casa hasta que entré al bachillerato.

Estaba interesado en la lingüística computacional, pero en mi escuela —considerada una de las mejores en Latinoamérica en Antropología—, esa área de la lingüística no aparecía en el currículum de la carrera. 

En esos años, ninguna universidad en México consideraba a la lingüística computacional como parte del currículum de lingüística. Incluso en las carreras de Ciencias de la Computación e Ingeniería, había muy pocas opciones —además de muy pocos interesados.

Intenté estudiar por mi cuenta con los materiales disponibles en línea, pero poco tiempo después tuve que empezar a trabajar para continuar estudiando. Una serie de eventos en 2009 afectó la economía de mi familia, quienes ya no podían ayudarme con todos los gastos de vivir en otra ciudad.

Después, el trabajo empezó a absorberme. Olvidé gran parte de lo que había aprendido de Python y quedé desactualizado en HTML y CSS. Acabé todas las materias requeridas en la universidad, pero ya no continué con los trámites para recibir mi título universitario. 

Dejé de pensar como opción continuar con una maestría donde pudiera profundizar sobre el procesamiento del lenguaje natural.

También empecé a reclamarme por haberme dejado vencer por las circunstancias.

Para mí, el anuncio de Microverse me ofrecía una oportunidad para retomar el camino hacia mis metas.

Trabajar de manera remota con personas de países en vía de desarrollo

Desde febrero, me conecto todos los días con compañeros de todo el mundo para aprender a programar. En las mañanas me reúno con mi equipo, personas que entraron al programa al mismo tiempo que yo. Después, me conecto con un compañero de código, con el que desarrollo los proyectos para avanzar en el currículum.

Tanto mis compañeros de equipo como mis compañeros de código son un grupo variopinto. Ellos no solo provienen de diferentes países, sino también de diferentes trasfondos. 

Algunos estudiaron previamente una carrera relacionada con la computación, lo que se nota por la velocidad en la que avanzan en el currículum con respecto a los demás. 

Otros están intentando hacer un cambio radical de carrera, para no tener que depender económicante de los ingresos que reciben en su país.

La mayor parte de la interacción se centra en el código que escribimos. Nos damos retroalimentación cuando nos atoramos o compartimos recursos que nos parecieron más útiles que los propuestos por el currículum de Microverse. 

Sin embargo, como sucede en toda interacción humana, en algún momento empezamos a hablar sobre nosotros. Así he conocido un poco mejor sus historias de vida, los retos a los que se han enfrentado, y lo que los llevó a decidir que, en los próximos seis meses, se dediquen ocho horas diarias a aprender a programar.

Después de varios meses juntos, he empezado a admirar su determinación. El semblante alegre que tenían cuando empezaron el programa se ha transformado en una expresión de fastidio, pero ellos no han desistido a pesar de los fracasos y las dificultades que han tenido que pasar.

Mis compañeros en vías de desarollo

Una de mis compañeras de código es de Venezuela, pero vive desde hace varios años en Argentina. Estos dos países han tenido las peores crisis económicas de Latinoamérica en los últimos años, lo que ha hecho que los profesionistas cada vez ganen menos, en términos de salario real. Ella intenta ahora buscar opciones que no dependan del país de donde se encuentre.

James, de Nigeria, no ha avanzado tan rápido como el resto del equipo, pero también es a quien le he visto mayores progresos. En la sesiones matutinas, ha pasado de preguntar qué significa cada línea de código a señalar errores en el código de otros. Él ha tenido que lidiar con el servicio eléctrico poco confiable en las afuera de Lagos. En ocasiones es difícil escucharlo por el ruido del generador eléctrico que se enciende cuando se corta el servicio de luz.

Otro compañero es de Brasil, país que empieza a tener muchas dificultades por la emergencia sanitaria. En algún momento, me compartió sus quejas del presidente sociópata que ahora tienen y que no le ha importado que la pandemia se expanda en el país. Después de un rato, me platicó cómo cuando era estudiante le tocó ver cómo unas pandillas se ensañaron con una banda rival. Y después, jugaron futbol. 

«Algunos de mis compañeros dijeron que estaban jugando con las cabezas de víctimas. Yo no lo vi, pero sí pude notar que el balón no rodaba como un balón normal».

En otra ocasión, en el equipo nos preocupamos por no saber nada de un compañero que dejó de conectarse. Él se había reincorporado al programa después de tener que lidiar con el cáncer. Otro compañero de equipo intentó tranquilizar al resto con una explicación sencilla: «escuché que en Colombia la situación por el COVID estaba grave. Tal vez el gobierno cortó el Internet para evitar levantamientos. El gobierno de Marruecos suele hacerlo».

Todos nosotros somos conscientes de las dificultades que representa vivir en nuestros países. El dinero que nos costó ganar puede llegar a valer nada por una crisis económica. La violencia es parte de la vida cotidiana. El gobierno no es una entidad en la que se pueda confiar.

Intentando ser desarrolladores en países en vías de desarrollo

A pesar de los retos ajenos a nosotros que debemos vencer para convertirnos en desarrolladores, nosotros podemos decir que somos parte de uno de los sectores más afortunados de nuestros países.

Según los datos de Microverse, solo el 1% de quienes aplican al programa logran entrar. Esto no se debe tanto a la dificultad de los filtros de ingreso. Cualquiera con un poco de tiempo libre, conexión a Internet y competencia en inglés lo puede lograr.

Pero el tiempo libre y el acceso a clases de idiomas son un lujo para la mayoría de las personas que viven en países de desarrollo. Mientras que el Internet aún no es accesible para todos.

La mayoría de quienes estamos en Microverse hemos tenido acceso a la educación universitaria, hemos aprendido inglés como segunda lengua, contamos con servicio eléctrico, conexión a Internet y con una casa. Estas características nos dan una gran ventaja sobre la mayor parte de nuestros compatriotas.

Lo pondré en datos para ilustrar porque esto nos pone en una situación privilegida:

  • Pertenezco al 60% de la población mexicana que tiene acceso a Internet (datos del Banco Mundial).
  • Pertenezco al 22% de la población mexicana que tuvo acceso a la educación universitaria (datos de la OCDE).
  • Pertenezco al 5% de la población mexicana que habla inglés (datos de IMCO).
  • De 2016 a 2019, pertenecí al 4.5% de la población mexicana que ganaba arriba de US $700 al mes (datos del INEGI).

Estos datos me ayudan a no claudicar cuando no logro entender un error en el código, cuando no sé cómo solucionar un problema o cuando siento que no avanzo en el currículum. 

He logrado mantener una vida honrada y bien remunerada en un país donde por lo general tienes que escoger entre la primera opción o la segunda.

En verdad he hecho cosas más difíciles que resolver un problema de dependencias o hacer un debugging.

I am myself and my circumstance

En artículos de Medium pululan los textos motivacionales sobre cómo mantener la disciplina para convertirse en un desarrollador exitoso que programe el código de la próxima gran startup americana. 

En general, los consejos que ofrecen son de sentido común y sirven también para tener éxito en otros aspectos de la vida: mantener la constancia, administrar bien el tiempo, cambiar de hábitos, levantarse temprano.

Sin embargo, todos estos consejos ignoran el contexto de cada persona.

Cuando un artículo viral mencionó levantarse temprano como clave del éxito, muchas personas en México se burlaron de tales conclusiones.

«En ese caso, todas las personas de Ecatepec serían exitosas».

Ecatepec es un municipio en el área metropolitana de la ciudad de México y es bastante conocido porque sus habitantes se levantan entre las 4 y 5 a.m. para llegar a trabajar entre las 8 y 9 a.m.

Es también uno de los municipios más pobres del Área Metropolitana.

La perseverancia y los buenos hábitos ayudan, pero son solo el 50% de la ecuación. El otro 50% está fuera de nuestro control: son nuestras circunstancias.

El filósofo español José Ortega y Gasset hizo evidente este hecho con frase célebre “yo soy yo y mis circunstancias”.

Nuestras circunstancias pueden explicar por qué fallamos a pesar de habernos esforzado tanto. Sin embargo, es muy fácil caer en la tentanción de usar nuestras circunstancias como excusas para no intentar cumplir con nuestros objetivos. Evitemos esto último.

Entender nuestras circunstancias nos permitirá saber qué tanto esfuerzo extra requeriremos para lograr nuestras metas. En otras palabras, sabremos en qué grado de dificultad estamos compitiendo con otros.

De esta manera, podremos:

  • evitar autosabotearnos,
  • ser menos severos con nostros mismos cuando fracasamos,
  • reconocer más fácilmente nuestros logros.

Yo le reconozco a todos mis compañeros en Microverse el esfuerzo que hacen para ampliar sus oportunidades, a pesar de las circunstancias en las que les tocó vivir. 

Espero que juntos podamos contribuir en un futuro en el desarrollo de nuestros países, para que el camino de las próximas generaciones ya esté pavimentado.

Esa es nuestra responsabilidad como desarrolladores en países en vías de desarrollo.

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